La caída de las importaciones y exportaciones por el Puente Internacional de Rumichaca ha desencadenado una serie de despidos que golpea con fuerza a la frontera norte del país.
Cientos de trabajadores de las ocho almaceneras de Tulcán, en la provincia de Carchi, se encuentran a la deriva, mientras la crisis también se extiende a comedores, tiendas y otros
negocios de la zona.
La cadena logística que mueve el transporte internacional en la frontera norte atraviesa uno de sus momentos más críticos, en medio del conflicto arancelario entre Ecuador y Colombia.
El panorama en los ocho depósitos temporales de Tulcán refleja la magnitud de la crisis. Hasta hace tres meses, cada almacenera recibía entre 20 y 30 camiones diarios.
Ahora, con suerte, llegan dos.
Antes, estos espacios estaban rodeados de estibadores y transportistas. Hoy la escena es distinta: apenas quedan unos pocos trabajadores esperando una carga que no aparece.
«No hay trabajo y no tenemos los recursos para mantener a nuestras familias y las deudas no esperan”, lamentó Richard Higuera, estibador de una de las almaceneras.
Según el sector, unos 450 trabajadores directos y cerca de mil indirectos quedaron en el limbo.
Entre ellos hay contadores, jefes de bodega, operadores de montacargas, guardias de seguridad, personal administrativo y de mantenimiento.
Los empresarios aseguran que apenas un 20 % del personal ha logrado conservar su empleo, aunque en jornadas de medio tiempo.
“No estamos pidiendo subsidios, no pedimos compensaciones, no pedimos nada de eso.
Simplemente el transporte pesado, las almaceneras y toda la cadena logística están pidiendo trabajo”, señaló Renato Echeverría, bodeguero de una almacenera.
La crisis también vació los comedores y tiendas de la ruta. Los transportistas que antes ocupaban las mesas prácticamente han desaparecido.
“Nadie viene. Usted ve el patio vacío, sin nada. Nosotros no vendemos nada.
Regresamos a la casa con dos o tres dólares y nada más.
¿Cree que con eso vamos a sostener a nuestros hijos?”, contó María Tarapuez, propietaria de un comedor.
En uno de esos locales apenas había un cliente: el transportista John Sarmiento, quien relató que consiguió realizar un viaje después de pasar 15 días sin recibir una sola llamada de trabajo.
“No hay movimiento, no hay comercio. Incluso los fletes están muy bajos.
El combustible sube día a día y los fletes lamentablemente van para abajo”, expresó Sarmiento.
La esperanza del sector estaba puesta en una resolución de la Comunidad Andina que permita aliviar la situación comercial en la frontera, pero esa expectativa hoy empieza a diluirse.(I)
Fuente: evafm.net – ecuavisa.com


