Cada 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, una fecha que busca generar conciencia sobre la importancia del líquido vital.
No obstante, en Ecuador, el acceso equitativo a este recurso y a servicios de saneamiento continúan siendo una deuda pendiente, especialmente en zonas rurales y comunidades vulnerables.
El último informe estadístico de la Agencia de Regulación y Control del Agua (ARCA) señala que, a escala nacional, el 76,49% de la población cuenta con cobertura de agua potable, mientras que el 55,96% posee alcantarillado. En cuanto a la continuidad del agua potable, esta alcanzó un promedio nacional del 90,53% .
En el documento también se analizó el desempeño de los 221 Gobiernos Autónomos Descentralizados Municipales (GAD), ubicando en la categoría E a los municipios de los cantones Simón Bolívar (Guayas), Montalvo y Ventanas (Los Ríos), así como 24 de Mayo (Manabí), como los que peor gestionan los servicios de agua potable y saneamiento.
Los resultados evidenciaron que, el 71% de la población a escala nacional recibe agua que no cumple con los parámetros de la Norma INEN 1108, base técnica de las Regulaciones 003 y 012 emitidas por la ARCA.
Al evaluar integralmente las categorías e indicadores, los resultados del nivel de gestión de los GADM en agua potable y saneamiento reflejan:
- 13 municipios: nivel A.
- 62 municipios: B.
- 114 municipios: C.
- 28 municipios: D.
- 4 municipios: E.
Asimismo, el país registra un 47,60% del líquido vital no contabilizado, lo que significa que casi la mitad del agua producida se pierde por fugas, conexiones ilegales o deficiencias en los sistemas de distribución, afectando la sostenibilidad técnica y financiera del servicio.
463 mil niños consumen agua con escherichia coli.
Fausto Valle es director ejecutivo de Agua para Todos, una organización sin fines de lucro que articula a la academia, el sector privado y actores de la sociedad civil para promover el acceso libre y soberano al líquido vital, así como a un correcto saneamiento, principalmente en la ruralidad.
Con base en la Encuesta Nacional sobre Desnutrición Infantil (ENDI) del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), afirma que 463 mil niños consumen agua contaminada con escherichia coli, una bacteria que permanece en los intestinos de los seres humanos. Ante esa realidad, hizo «un llamado a las autoridades a que prioricen el uso del agua potable en sus planes de trabajo”.
Presencia de E. Coli
| Provincia | Porcentaje |
| Morona Santiago | 70,2 |
| Orellana | 67,8 |
| Zamora Chinchipe | 61,7 |
| Napo | 58,8 |
| Pastaza | 56,9 |
| Bolívar | 52,3 |
| Cañar | 44,5 |
| El Oro | 40,4 |
| Esmeraldas | 40,3 |
| Sucumbíos | 36,9 |
| Cotopaxi | 36,7 |
| Los Ríos | 32,6 |
| Loja | 31,6 |
| Manabí | 31,1 |
| Santo Domingo de los Tsáchilas | 27,2 |
| Chimborazo | 23,9 |
| Carchi | 22,7 |
| Tungurahua | 19 |
| Guayas | 16,4 |
| Santa Elena | 14,2 |
| Azuay | 12,7 |
| Imbabura | 12,5 |
| Pichincha | 2,6 |
Además, la información que maneja esa organización señala que en uno de cada cuatro vasos de agua está presente esa bacteria, a escala nacional (24.4 %).
En cuanto a las zonas rurales, se encuentra en uno de cada dos vasos (46 %).
Con preocupación, Valle afirma que esta problemática incide de forma directa en la desnutrición crónica infantil que afecta a la salud y desarrollo cognitivo de los niños.
“En la edad adulta, todo se complica porque tiene problemas para pensar, hablar y desenvolverse.
Es una pena porque aproximadamente un 20% estarían sufriendo por esto”
A su juicio, es urgente que las autoridades prioricen el acceso a agua segura en la agenda nacional.
De otro lado, afirma que 2,7 millones de ecuatorianos no están conectados a la red pública de agua.
Saneamiento y alcantarillado.
Los datos levantados por Agua para Todos refieren que 5,9 millones de ecuatorianos viven sin acceso a alcantarillado adecuado.
Además, más de 500 puntos municipales de disposición de aguas residuales no tienen tratamiento.
Aproximadamente el 75% de agua que se utiliza en hogares, industrias y todo tipo de uso regresa al medio ambiente, contaminando a las fuentes hídricas y afectando a la salud de la gente.
Valle afirma que Quito tiene una deuda con el saneamiento, pues más del 97% de las aguas residuales no son tratadas.
Hizo un llamado a las autoridades para que tomen acciones urgentes.
Destaca que hay proyectos que han avanzado como la Planta de Tratamiento de Agua Potable Calderón, en el extremo norte de la ciudad, que ya alcanza más del 58% de avance en su
construcción, pero todavía queda mucho por hacer.
Lo más preocupante para el activista es que la contaminación masiva del agua se origina en Quito y se dirige hacia otros ríos muy importantes como el Guayllabamba y Esmeraldas.
Así, se producen afectaciones en la población que vive cuenca abajo de los afluentes y se dan enfermedades diarreicas y gastrointestinales, así como la desnutrición crónica infantil.
Es crucial tomar medidas porque cada dólar bien invertido en el líquido vital hay USD 7 de retorno a la economía.
La razón: la gente se enferma menos y produce más; hay mayor capacidad de desarrollo cognitivo, etc.
La inversión en agua debería ser prioridad nacional.
A su criterio, las autoridades nacionales, locales, la academia y demás organizaciones de la sociedad civil deben unirse para configurar una agenda conjunta que fomente el consumo racional del líquido vital, su cuidado y el correcto manejo una vez que fue utilizado y así universalizar el acceso.
Valle cuenta que en la Amazonía hay mayores problemas.
Lo curioso es que allí se encuentra el 65% de las reservas de este recurso natural en Ecuador, pero su calidad para el consumo humano no es buena
. En Morona Santiago, el 70% de muestras presentó escherichia coli.
Destaca que, frente a Quito, Guayaquil tiene un mejor tratamientio de las aguas residuales.
Cuenca es la urbe con mejor desarrollo en este tema. “De ahí, el resto urbes no ha realizado un gran trabajo”.
Ecuador en una etapa de transición.
Francisco Zaldumbide Ortiz es consultor ambiental y experto en saneamiento. Afirma que Ecuador está en una etapa de transición en tratamiento de aguas residuales.
Hay avances importantes en grandes ciudades, pero el rezago en ciudades intermedias y zonas rurales es evidente.
Y aquí hay una diferencia clara, ya que no es solo un tema de infraestructura, sino de capacidades.
En ciudades grandes como Quito, Guayaquil, Cuenca o Ambato hay más recursos, personal técnico y cierta estructura institucional que permite operar las plantas de forma más estable.
En cantones pequeños, esa realidad es distinta, existen presupuestos limitados, personal sin especialización y operación que muchas veces no es prioritaria.
Eso explica por qué, teniendo plantas, los resultados son muy diferentes y en algunos casos, bastante deficientes.
De hecho, en muchos cantones sí existen plantas de tratamiento, pero el problema no es que falten, sino que no se operan bien.
Falta inversión en operación, mantenimiento y capacitación.
En campo es común encontrar plantas funcionando a medias o directamente fuera de servicio.
Al final, se cumple en papel, pero no en la realidad, y las descargas siguen contaminando.
Por eso, el desafío muchas veces no es construir más infraestructura, sino lograr que la que ya existe funcione correctamente.
La cobertura puede mejorar en cifras, pero si el tratamiento no es efectivo, el impacto ambiental prácticamente no cambia.
Y eso, aunque no siempre se diga, es lo que está pasando en muchos sistemas actualmente.
Perspectiva técnica.
Zaldumbide firma que el tratamiento de aguas residuales en las grandes ciudades ya no debería quedarse en la simple eliminación de contaminantes, sino avanzar hacia un modelo de recuperación de recursos. Dejar de ver el agua residual como un desecho y empezar a tratarla como un recurso aprovechable (reutilización para riego, usos industriales, recarga de acuíferos, etc.,) y aprovechamiento de lodos para generación de biogás o energía. Pero esto no se logra solo construyendo plantas; más bien, el enfoque debe ser integral, desde cómo se genera el efluente hasta cómo se dispone o reutiliza.
La clave técnica está en adaptar tecnologías al contexto local. Es decir, no tiene sentido implementar procesos altamente complejos si no existe capacidad operativa para sostenerlos en el tiempo.
La elección tecnológica debe responder a la realidad de cada ciudad, no a lo que suena más moderno.
En las ciudades grandes, las soluciones descentralizadas pueden ser una alternativa interesante: dan flexibilidad frente al crecimiento urbano desordenado y reducen la dependencia de grandes sistemas de bombeo.
Pero debe entenderse que descentralizar no es simplificar, sino más bien es redistribuir la complejidad, y si no hay control, se termina con varios sistemas fallando en lugar de uno solo.
A esto se suma un punto crítico que muchas veces se deja de lado. Se trata del control de las descargas industriales.
La normativa ambiental en Ecuador exige que las industrias cumplan límites antes de descargar, pero en la práctica ese control no siempre es efectivo.
Cuando falla, las plantas municipales reciben cargas para las que no fueron diseñadas.
Eso se traduce en choques de carga, toxicidad, pérdida de biomasa y, en casos extremos, colapso del sistema.
Por eso, ningún esquema de tratamiento (por más moderno que sea) va a funcionar si no se controla lo que entra.
El tratamiento no empieza en la planta, empieza en cada descarga.
Potabilización en Quito y Guayaquil.
Para Zaldumbide, los sistemas de potabilización en Quito y Guayaquil están basados en procesos convencionales con etapas de coagulación, floculación, sedimentación, filtración y desinfección.
Bien operados, estos sistemas son suficientes para producir agua segura.
Además de los muestreos internos de control diario (que cada planta realiza), se realizan análisis con laboratorios acreditados externos e independientes, garantizando transparencia en el control
de calidad del agua procesada.
Ahora, el punto que muchas veces se pasa por alto es que la calidad del agua no depende solo de la planta.
El agua puede salir del proceso cumpliendo la normativa (Agua Potable INEN 1108), pero puede perder calidad en la red de distribución por fugas, intrusión o falta de mantenimiento.
Si no se controla la red, el esfuerzo en la planta potabilizadora se puede ver afectado aguas abajo por eso es clave atender fugas y fallas en la red a tiempo.
Por otro lado, el problema no suele estar en el proceso como tal, sino en la calidad del agua cruda.
Cuando las fuentes se ven afectadas por actividades aguas arriba, los procesos se vuelven más exigentes y costosos
. Hoy pueden funcionar bien, pero eso no garantiza que sean sostenibles en el tiempo. Si no se protege la cuenca, cada vez será más difícil y más caro potabilizar.
¿Qué pasa en las quebradas?
Valle afirma que el correcto mantenimiento de las quebradas es crucial para mejorar en temas de saneamiento.
Sin embargo, se debe mejorar en el manejo de aguas servidas y residuos sólidos. “Van a las quebradas y se contamina el suelo y las fuentes hídricas”.
Zaldumbide opina que la estrategia de saneamiento de ríos y quebradas en Quito es necesaria y va en la dirección correcta, especialmente considerando que durante años estos cuerpos de agua funcionaron, en la práctica, como colectores de aguas residuales.
La construcción de interceptores para captar estas descargas y llevarlas a tratamiento es un paso clave para revertir esa situación.
Sin embargo, interceptar y tratar una parte importante del caudal no significa resolver todo el problema.
Si siguen existiendo descargas clandestinas, conexiones mal hechas o expansión urbana sin control, las quebradas van a seguir recibiendo contaminación.
Eso ya no es un problema de infraestructura, es un problema de control y gestión.
Si no se eliminan las descargas directas, el saneamiento no funciona. Debe corregirse conexiones, mantener el sistema de alcantarillado y hacer seguimiento constante.
Si no se ataca el origen, cualquier esfuerzo termina siendo parcial.
“Las quebradas se han convertido en alcantarillados a cielo abierto en Quito”
Estefanía Pabón dirige el colectivo Quebradas Vivas con sede en la capital.
Con base en los datos proporcionados por la Secretaría de Ambiente del Municipio, afirma que existen 11 ríos priorizados y 341 quebradas en la ciudad.
A su criterio, “las quebradas se han convertido en alcantarillados a cielo abierto” y se ha hecho poco por mejorar la cobertura de saneamiento que apenas alcanza un 3 %.
Considera que la situación es crítica, más si se toma en cuenta que la cuenca del río Monjas, en el extremo norte de la urbe, fue declarada en emergencia debido a una severa erosión hídrica y regresiva que amenaza casas, predios, vías (especialmente la Avenida Simón Bolívar) y bienes patrimoniales, desde 2021.
Lo mismo con el Machángara en 2020, principalmente en la zona de la quebrada en Caupicho. “El problema es que se siguen aumentando los puntos críticos”, afirma Pabón.
A su criterio, los principales inconvenientes se relacionan con las construcciones informales, contaminación, descargas residuales de urbanizaciones, casas, industrias y vías.
Además, hay un aumento acelerado de viviendas en sitios no adecuados.
Ella afirma que en la actualidad solo existe una jefatura de quebradas en el Municipio de Quito, pero no tiene autonomía y necesita apoyo de otras entidades para trabajar.
Lo ideal sería que pase a ser una dirección y con eso tener fuerza para ejecutar proyectos, tener presupuesto, maquinaria y personal.(I)


