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abril 3, 2026
TENDENCIA
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El calendario marcaba el 23 de febrero de 1994San Salvador no era la ciudad cosmopolita de cielos despejados y torres modernas que conocemos hoy en 2026; era una capital que aún sanaba heridas, pero que vibraba con una sed insaciable de alegría.

Ese día, el recinto de la Feria Internacional (hoy parte de nuestra historia como el antiguo CIFCO) se convirtió en el epicentro de un fenómeno que cambiaría la percepción de la música latina para siempre.

Selena Quintanilla no llegó sola.
Arribó como la joya de la corona del programa “Siempre en Domingo”. Raúl Velasco, el gran orquestador de la música en español, traía a la “Reina del Tex-Mex” en el punto más alto de su carrera.
Quienes estuvieron allí recuerdan una energía eléctrica. No era solo un concierto; era el encuentro de una comunidad que se veía reflejada en esa joven de sonrisa amplia y origen humilde.

Acompañada por Los Dinos, con su esposo Chris Pérez en la guitarra y su hermana Suzette en la batería, Selena subió al escenario vestida con su característico estilo, irradiando una cercanía que rompía la barrera entre la estrella y el fan.

El momento cumbre ocurrió cuando los primeros acordes de “Amor Prohibido” y “Como la Flor”, resonaron en el recinto.

Fue una de las primeras veces que El Salvador y el mundo escuchaba en vivo el himno que definiría una era.

 Miles de banderas azul y blanco se agitaron en unísono, no por política, sino por el puro gozo de la cumbia tejana.

El silencio y la inmortalidad.

Sin embargo, la historia nos tenía preparada una tragedia que hoy recordamos con el mismo nudo en la garganta tras 31 años.

El 31 de marzo de 1995, la voz de Selena fue apagada físicamente, pero su espíritu se volvió indomable.

La noticia del hotel Days Inn en Corpus Christi llegó a El Salvador como un balde de agua fría, congelando el tiempo para una generación que aún guardaba el eco de su risa y baile en la Feria Internacional.

Su muerte no fue el final, sino la transición hacia un estatus de icono cultural. Selena pasó de ser una cantante de éxito a ser un símbolo de identidad.

Para la comunidad latina en Estados Unidos y para países como El Salvador, ella representó la posibilidad de triunfar manteniendo las raíces, de hablar español e inglés sin perder la esencia, y de conquistar mercados que antes parecían vedados para el “bidi bidi bom bom” del pueblo.

Selena en el 2026: Un legado sin fronteras.

Hoy, en pleno 2026Selena Quintanilla es más que nostalgia; es una fuerza viva en la industria. Este año ha sido particularmente significativo.

Con la reciente inclusión de su álbum “Amor Prohibido” en el Salón de la Fama del Grammy 2026, la Academia ha reconocido que su música no solo fue popular, sino técnicamente revolucionaria y culturalmente indispensable.

Además, la exposición itinerante “Selena: De Texas al Mundo”, que actualmente recorre los museos más importantes, incluyendo una parada histórica en el Museo del Grammy, demuestra que su impacto visual y artístico sigue dictando tendencias.

En las calles de San Salvador, su música sigue sonando en los mercados, en las fiestas de 15 años y en los auriculares de la Generación Z, que ha descubierto en ella a una pionera del empoderamiento y de la moda vintage.

Al cumplirse 31 años de su partida, Selena Quintanilla nos enseñó que las flores pueden marchitarse, pero el cariño del público es como el título de su canción más emblemática: una flor que, a pesar de los años, nunca se marchita.(E)

Fuente: evafm.net – infobae.com

abril 1, 2026

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