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agosto 6, 2026
TENDENCIA
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El 13 de abril de 2029, la humanidad vivirá un acontecimiento astronómico inédito: el asteroide 99942 Apophis pasará tan cerca de la Tierra que podrá verse a simple vista en regiones de África, Europa y Asia.

El paso de este gigante rocoso, con dimensiones comparables a la Torre Eiffel o al Empire State, no solo cautivará a millones de personas que podrán observarlo sin telescopios, sino que también ofrecerá a la comunidad científica mundial una oportunidad irrepetible para investigar en directo los efectos de la gravedad terrestre sobre un cuerpo celeste.

Este encuentro, visible como una estrella fugaz de brillo intenso, transformará la noche en un gigantesco laboratorio natural.

Apophis despertó temor y fascinación desde su descubrimiento en 2004. Los primeros cálculos asignaron un 2,7 % de posibilidades de impacto en 2029, lo que llevó a incluirlo en el nivel 4 de la Escala de Turín, el máximo alcanzado por un objeto próximo a la Tierra.

El nombre del asteroide, inspirado en el dios egipcio que simboliza el caos, reforzó la atmósfera de incertidumbre.

Durante dos décadas, la NASA y observatorios internacionales afinaron la órbita del objeto con observaciones de radar y seguimiento orbital, descartando cualquier riesgo para el planeta.

Pero en 2021, Apophis fue retirado de la lista de amenazas, aunque persiste una probabilidad remota de que alguna colisión con otro objeto en el espacio altere su trayectoria. Más allá de la seguridad, la cercanía inédita de Apophis representa un experimento planetario.

El asteroide cruzará el espacio a apenas 32.000 kilómetros de la Tierra, una décima parte de la distancia lunar y más cerca que muchos satélites geoestacionarios.

Richard Binzel, profesor del MIT, sintetizó la relevancia del evento: “Apophis pasará la Tierra sin problemas”. Su órbita, clasificable como Atón, cambiará a Apolo por efecto de la gravedad terrestre, lo que generará variaciones en su rotación e incluso podría producir deslizamientos de terreno y terremotos internos en el asteroide. Será la primera vez que se pueda observar en tiempo real cómo la fuerza de nuestro planeta remodela a un visitante espacial.

La comunidad científica se prepara para aprovechar cada segundo del sobrevuelo. Dos misiones, una de la NASA y otra de la ESA, acompañarán a Apophis de cerca.

La sonda OSIRIS-APEX, derivada de OSIRIS-REx, llegará al asteroide antes del encuentro, lo estudiará en detalle y permanecerá tras el paso para registrar los cambios provocados por la gravedad terrestre. Su instrumental permitirá analizar la composición del material superficial y evaluar cómo reacciona la estructura interna del asteroide ante las tensiones generadas.

Por su parte, la misión RAMSES, de la Agencia Espacial Europea, se encuentra en fase de aprobación y podría lanzar un cubesat para tocar la superficie y medir ondas sísmicas generadas por el propio acercamiento.

Ciencia, defensa planetaria y basura espacial: las lecciones de un espectáculo irrepetible

El sobrevuelo de Apophis no solo servirá para satisfacer la curiosidad científica. Se convertirá en un banco de pruebas para estrategias de defensa planetaria y, al mismo tiempo, revelará los desafíos que plantea la presencia humana en el espacio cercano. La posibilidad de que el asteroide cruce la región de la órbita geoestacionaria —donde residen miles de satélites y fragmentos de desechos fabricados por el hombre— ha motivado nuevas investigaciones sobre los riesgos de colisión con restos espaciales.

El físico Alessandro Rossi y la científica Giulia Schettino, del Instituto de Física Aplicada “Nello Carrara” de Italia, modelaron la trayectoria de Apophis y la compararon con la población conocida de objetos en la órbita geoestacionaria.

Su sorpresa fue descubrir que existe una pequeña pero real posibilidad de que el asteroide se cruce a pocos kilómetros de algún fragmento de basura espacial. Si bien el impacto no alteraría significativamente la órbita de Apophis, podría generar un pequeño cráter y una columna de escombros.

Rossi remarcó: “Las consecuencias serían muy probablemente la formación de un pequeño cráter y una columna de material eyectado. Ambos podrían ser detectables por la nave espacial”.

Esta eventualidad, aunque poco probable, complicaría la interpretación de los efectos gravitacionales que los científicos esperan medir. Una colisión previa podría dificultar la identificación de los cambios provocados exclusivamente por la fuerza de la Tierra. Además, el estudio pone en evidencia la falta de conocimiento sobre la población de pequeños desechos que orbitan en altitudes elevadas.

Las escalas de riesgo, como la de Turín, y los sistemas de monitoreo planetario están diseñados para anticipar posibles impactos y evitar catástrofes mediante la detección temprana y la intervención tecnológica.

El espectáculo de Apophis, lejos de representar un peligro, simboliza el poder de la ciencia para transformar la inquietud en oportunidad. La naturaleza ofrecerá un experimento irrepetible que hará avanzar la astrofísica, la tecnología espacial y la cooperación internacional. Patrick Michel, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, resumió el espíritu del momento: “Por primera vez, la naturaleza nos está trayendo un asteroide y realizando el experimento por nosotros”.

La noche del 13 de abril de 2029 quedará grabada por su valor científico y por la emoción de millones de observadores que, bajo el mismo cielo, compartirán la experiencia de asistir a un fenómeno que ocurre apenas una vez cada 7500 años. Apophis, el “Dios del Caos”, traerá conocimiento y demostrará que la humanidad, frente al universo, puede unir ciencia, tecnología y voluntad para entender y proteger su propio destino.(I)

Un asteroide de superficie rocosa con un rastro luminoso surca un cielo oscuro sobre el horizonte de la Tierra al atardecer, con luces de ciudades visibles.

El asteroide Apophis pasará a solo 32.000 kilómetros de la Tierra en 2029, más cerca que muchos satélites

geoestacionarios en órbita estable (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cielo nocturno con estrellas y una estela de luz brillante que desciende hacia la izquierda. Bajo las montañas, se observan luces de una ciudad en el valle.

Apophis mide entre 340 y 375 metros de diámetro y su tamaño es comparable al de la Torre Eiffel o a un

crucero moderno según estimaciones recientes

(Imagen Ilustrativa Infobae)

Fuente: evafm.net – infobae.com

agosto 6, 2026

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