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Octavio Zambrano: El complejo de inferioridad es inmenso a nivel de la FEF

Octavio Zambrano pretende hacer historia y convertirse en el primer técnico ecuatoriano en ser campeón fuera del país.

Con una larga trayectoria internacional, el ahora DT del Deportivo Independiente de Medellín (DIM) se alista para medir en finales de ida y vuelta por la corona de Colombia al Junior de Barranquilla.

El guayaquileño, que revela sentir que está “en el umbral de algo importante”, habló ayer con EL UNIVERSO de su experiencia breve en Ecuador, donde la FEF lo suspendió por denunciar un caso de adulteración de edades –confirmado luego–, y del sueño de conducir a la Tri, pese al “inmenso complejo de inferioridad” que hay en la Ecuafútbol. También se refirió a la temporada existosa que vive con el equipo paisa.

Parece que usted no es profeta en su tierra, sus mayores éxitos son fuera de Ecuador. ¿Por qué?

Los proyectos que asumí fuera de Ecuador han sido con recursos a la mano y por eso pude hacer buenas campañas.

Salvé del descenso a dos clubes del país: El Nacional (2015) y el Delfín (2016), pero con poca disponibilidad de recursos.

En el caso de El Nacional, la dirigencia que me tocó era de civiles y militares, lo que causó una pugna y dificultades para trabajar.

Por ejemplo, llevar jugadores y pasarlos por el filtro de la Comisión de Fútbol era complejo.

Sin embargo, la idea era rescatarlos del descenso y lo hice. Dejé una base de futbolistas muy buena; después, Eduardo Favaro fue a la Sudamericana con ese mismo grupo.

En Delfín fue similar. Era undécimo y había peligro de bajar a la serie B. Me llamaron tras el terremoto.

Era algo para no creer: calles destruidas, Manta semidestruida, pero aun así asentamos las bases del equipo.

En 2017, con Guillermo Sanguinetti, Delfín logró ser subcampeón y clasificó a la Copa Libertadores.

Mi paso por Ecuador es un éxito, no un fracaso, porque con recursos limitados se consiguieron ciertos objetivos

¿Como DT qué siente por este momento que vive?

Hemos hecho una buena campaña con DIM. Se inició bien, pero también tuvo un momento difícil.

Sin embargo, todos se superaron y estamos fortalecidos, lo que es un paso importante.

La acumulación de puntos, a causa de una buena racha de diez partidos, nos puso en posición de luchar por un campeonato que es muy competitivo.

Siento que estamos en el umbral de lograr algo importante.

El DIM confió en usted como DT, pero en Ecuador tuvo pocas oportunidades.

Muchas de las cosas que ocurrieron conmigo en Ecuador tuvieron un tinte surreal. Me tocó asimilar la famosa ‘ley de juveniles’ que estaba en vigencia. Parecía en principio que era hecha para promover jóvenes jugadores, pero a medida que trabajaba me percaté de que era una maniobra para ponerlos en la cancha, pese a no tener la edad que decían.

En Ecuador lo suspendieron por denunciar el caso de lo que luego se llamó Niños con Bigote ¿Qué recuerda de eso? ¿Se disculpó la FEF con usted cuando se supo que sí tenía razón?

Al denunciar (la adulteración de edades) yo pensé que la FEF investigaría porque existían elementos suficientes.

Pero sucedió lo opuesto. Me sancionaron y me acusaron de decir cosas que no eran ciertas.

Nunca se disculparon, ni lo espero.

La sanción que recibí de no trabajar como técnico en Ecuador se dio 14 días antes del escándalo del FIFAgate, tras lo que hubo un efecto dominó y cayeron por corrupción los dirigentes de la Conmebol, incluido Luis Chiriboga (que presidía la FEF).

Lo de los Niños con Bigote ya ocurría en el país hace 40 años.

Este caso para mí quedó en el pasado, pero solo me trae malos recuerdos y pena porque al menos en aquella época (2015), cuando uno trataba de denunciar y mantener una línea firme, en vez de ser apoyado o protegido fui acusado y lo peor, sancionado.

¿Como ecuatoriano por qué cree que en el país no se le dan oportunidades a los DT nacionales?

Algunos técnicos nacionales hemos tenido la oportunidad de trabajar, pero muy pocos en equipos grandes.

A mis colegas se les dan clubes que tienen problemas económicos. Por ejemplo, con presupuestos bajos y pocos recursos, lo que dificulta hacer una buena labor.

Por eso vemos que los grandes planteles contratan a técnicos extranjeros.

Es muy complicado calibrar cuando un técnico agarra un equipo en peligro del descenso –como lo hice– versus trabajar en un club con todos los recursos –con una billetera abierta para contratar, pagar, elegir el jugador que como técnico va a necesitar–.

Muy pocos técnicos ecuatorianos tienen la oportunidad de dirigir equipos de media tabla para arriba.

Aquí en Colombia son muy orgullosos de sus DT y tratan de promocionarlos y protegerlos.

Mucha gente quiere que el entrenador de la selección sea colombiano y no extranjero y eso ha generado ciertas pugnas.

En Ecuador es lo contrario; en lo dirigencial hay que evolucionar más.

Usted fue escogido para dirigir a Canadá, pero acá la FEF puso entre los requisitos para fichar al nuevo DT que no sea nacional el aspirante.

No sabía de ese requisito, pero ahí está evidenciado que el complejo de inferioridad a nivel de la Federación es inmenso.

Acá es diferente; se pide que el técnico sea colombiano. Es otra mentalidad.

¿Le gustaría alguna vez estar al frente de la Tri?

El que ama a este deporte sabe que el sueño más grande es el de dirigir a la selección de su país y dejar su nombre lo más alto posible.

¿Qué cosas cambiaría luego de su experiencia en el balompié nacional?

Casi toda la estructura. Desde como se llevan los procesos disciplinarios, estatutarios y competitivos de Selección, que no permiten que se haga un buen trabajo. Estoy expectante de que la nueva Liga Profesional pueda resolver muchos de los inconvenientes que existe en el balompié nacional. La Liga Profesional tiene una gran tarea: asentar las bases para hacer algo grande en el país, porque si perdemos esta oportunidad de hacer cambios podríamos retrasar al fútbol en Ecuador.

¿Qué opinan del técnico ecuatoriano en Colombia?

No hay muchos ecuatorianos entrenando fuera del país. En Colombia miran al estratega argentino o al uruguayo. Yo representaba una intriga cuando llegué al DIM. No fue un rechazo, pero se generaba una inquietud sobre cómo íbamos a manejar nuestra gestión deportiva. Acá siento un soporte y una aceptación sin igual. En Medellín antes no se había dado esta situación. La ciudad está prendida con la final cuando visitemos al Junior, y por la vuelta, cuando seremos locales.

Fuente: eluniverso.com

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